Cuenca celebra su Semana Santa en un escenario que ninguna otra ciudad de España puede replicar: un casco histórico medieval colgado sobre hoces de piedra, declarado Patrimonio de la Humanidad. Ahí, de madrugada, transcurre la procesión que la hace única: el Camino del Calvario, conocida popularmente como las Turbas.
Las Turbas: la procesión que se vive de madrugada
La madrugada del Viernes Santo, desde la parroquia de El Salvador, sale la procesión del Camino del Calvario. La gente la llama Turbas porque un grupo de fieles representa, con matracas y tambores, el tumulto y la burla que sufrió Jesús camino del Calvario —no es un cortejo silencioso, sino una escenificación ruidosa y multitudinaria que recorre las calles empinadas del casco antiguo antes del amanecer.
Interés Turístico Internacional desde 1980, junto a Sevilla, Málaga y Valladolid
La Semana Santa de Cuenca fue una de las primeras de España en recibir la declaración de Interés Turístico Internacional, en 1980, en el mismo grupo fundacional que Sevilla, Málaga y Valladolid —tres de las ciudades con ficha propia en este sitio—. Comparte por tanto el reconocimiento oficial más alto que existe para estas fiestas, aunque su forma de vivirlas, entre calles medievales y a la luz del amanecer, no se parece a ninguna de las otras tres.
Un casco histórico que es parte de la procesión
En Sevilla o Málaga la ciudad se adapta a la procesión con una carrera oficial planificada; en Cuenca es al revés: el trazado medieval, estrecho y en pendiente, obliga a los cortejos a adaptarse a la ciudad. Esa fricción entre el urbanismo del siglo XII y el paso de las cofradías es, según describen quienes la visitan por primera vez, lo que más distingue a Cuenca de cualquier otra Semana Santa española.