En Hellín (Albacete) la Semana Santa no se recuerda por sus pasos ni por sus imágenes, sino por el sonido: desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección, miles de tamborileros —vecinos de todas las edades, sin distinción social— tocan el tambor casi sin descanso por las calles de la ciudad. Es la Tamborada, y organizadores y medios locales la describen como una de las más numerosas de España por el volumen de participantes que congrega cada año.
Una tradición nacida, según cuenta la ciudad, de una prohibición
La tradición local sitúa el origen de la Tamborada en una prohibición: durante un tiempo la Iglesia limitó el toque de tambor a ciertas horas del Jueves y Viernes Santo, y el pueblo de Hellín llevó ese toque al límite, convirtiendo lo que era una restricción en una fiesta de resistencia colectiva. Hoy la Tamborada se prolonga durante días completos, con turnos de tamborileros que se relevan sin que el redoble se interrumpa.
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
La Unesco reconoció en 2018 las tamboradas del sureste de España como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un grupo de tradiciones tamborileras que incluye Hellín junto a otras localidades de Aragón, Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana y Murcia. El reconocimiento no distingue a una sola localidad, pero sitúa a Hellín entre los epicentros más citados de esa tradición conjunta.
¿Es Hellín parte de la Ruta del Tambor y el Bombo del Bajo Aragón?
No. Aunque comparten el instrumento y el espíritu de la tradición, la Tamborada de Hellín es una celebración propia de Albacete, distinta de la Ruta del Tambor y el Bombo, que agrupa a nueve municipios de la provincia de Teruel en torno a la Rompida de la Hora. Son dos tradiciones tamborileras hermanas, reconocidas por la Unesco dentro del mismo grupo, pero con historia, comarca y forma de celebrarse distintas.