Dos olores definen una procesión: el del incienso quemándose y el de la cera de cientos de cirios. **El incienso se echa en las procesiones como signo de oración y de honor a lo sagrado**, una costumbre que la Iglesia hereda del culto del Antiguo Testamento. La cera tiene una explicación más práctica, pero también su simbolismo.
El incienso: la oración que sube
El incienso es una resina aromática que, al caer sobre el carbón encendido de un incensario, produce un humo blanco y perfumado. En la liturgia cristiana representa la oración que se eleva hacia Dios —«suba mi oración como incienso en tu presencia», dice el Salmo 141— y también el respeto debido a las imágenes, al altar y a la asamblea. En las procesiones se inciensa a los pasos de forma casi continua durante todo el recorrido.
El turiferario y la naveta
Quien lleva el incensario —o turíbulo— se llama turiferario. Camina delante del paso, casi siempre en pareja, y hace girar el incensario colgado de sus cadenas para avivar el carbón y esparcir el humo. A su lado va otro acólito con la naveta, el recipiente con forma de barco donde se guarda el incienso en grano, y una cucharilla para echarlo sobre el carbón. Ante los pasos de la Virgen es habitual que varios turiferarios caminen de espaldas, de cara a la imagen.
Tipos de incienso
No todo el incienso es igual. El más apreciado es el olíbano, procedente de árboles del género Boswellia de Somalia, Etiopía o Yemen; hay también mezclas con benjuí, mirra o esencias florales. Las hermandades compran incienso por kilos para toda la Semana Santa, y las de mayor recorrido gastan cantidades notables. El aroma concreto de cada hermandad —más resinoso, más dulce— es algo que los aficionados reconocen.
La cera: por qué los nazarenos llevan cirios
Cada nazareno de luz porta un cirio encendido. La razón original es sencilla: alumbrar el paso y el camino en procesiones que muchas veces son nocturnas. El cirio es además un símbolo antiguo de la fe y de la presencia de Cristo, «luz del mundo». La cera de calidad es de abeja o de mezcla; se enciende al salir del templo y no se apaga hasta la entrada, salvo en las paradas.
La bola de cera
Como los cirios van inclinados y gotean, sobre las manos de los nazarenos y en el suelo se acumula cera derretida. De ahí nace una costumbre infantil muy arraigada en Andalucía: acercarse a los nazarenos con una bolita de cera y pedirles «un poquito más» cada vez que pasa una hermandad. Al final de la semana, algunos niños tienen bolas del tamaño de un puño, con capas de distintos colores según la hermandad de la que salió cada gota. Es un recuerdo casero que se guarda de un año para otro.
Limpiar la ciudad después
Tanta cera tiene un reverso: al día siguiente de cada jornada, los servicios de limpieza retiran la cera pegada al asfalto con agua caliente y máquinas específicas. Algunas ciudades piden a las hermandades usar cera que manche menos y recogen los restos para reciclarlos.
El incienso y la cera no son adornos: son parte del lenguaje de la procesión, uno como oración y otro como luz. Si vas a vivirlo de cerca, consulta cuándo es la Semana Santa 2027.