Tres ciudades, tres estilos y un mismo oficio: tallar madera hasta que parezca carne. Juan Martínez Montañés en Sevilla, Pedro de Mena en Málaga y Francisco Salzillo en Murcia son los tres nombres que más veces se repiten cuando se habla de la imaginería procesional del sur y el levante españoles. Ninguno se conoció en vida —los separan hasta cien años— pero entre los tres trazan la evolución del barroco andaluz, desde su nacimiento sereno hasta su versión más dulce y teatral.
Martínez Montañés, «el dios de la madera»
Juan Martínez Montañés nació en Alcalá la Real (Jaén) en 1568 y murió en Sevilla en 1649. Se formó con el escultor Pablo de Rojas en Granada y en 1588 aprobó el examen del gremio de escultores que lo habilitó como maestro en Sevilla, ciudad en la que desarrolló casi toda su carrera. Sus contemporáneos ya lo llamaban «el dios de la madera» y «el Lisipo andaluz», y es la figura que fija el modelo de la escuela sevillana: rostros serenos, sin el dramatismo exagerado de otras escuelas, y una policromía muy cuidada —muchas veces confiada al pintor Francisco Pacheco— que buscaba el efecto de la piel viva.
El Cristo de la Clemencia
Su obra mejor documentada es el Cristo de la Clemencia, también llamado Cristo de los Cálices, tallado en cedro y encargado el 5 de abril de 1603 por el arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca, con la policromía de Pacheco. Hoy se venera en la Sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla. Es la pieza que mejor resume el estilo de Montañés: un crucificado vivo, de cuatro clavos, con la cabeza erguida y una expresión de serenidad que se aleja del sufrimiento explícito de la escuela castellana.
El Gran Poder no es suyo: la atribución que tardó tres siglos
Durante más de dos siglos se dio por hecho que el Jesús del Gran Poder de Sevilla, tallado en 1620 para la cofradía del Traspaso, era obra de Martínez Montañés. En realidad lo talló su discípulo Juan de Mesa (Córdoba, 1583 – Sevilla, 1627), que había entrado en el taller de Montañés en 1606 y abrió el suyo propio en 1615. El investigador Heliodoro Sancho Corbacho encontró el contrato original en el Archivo de Protocolos Notariales de Sevilla en 1930 y devolvió la autoría a Juan de Mesa, cuyo estilo —más dinámico y expresivo que el de su maestro— hoy se reconoce como una escuela propia dentro de la sevillana. Es un caso de manual sobre lo fácil que era, antes de la documentación de archivo, atribuir cualquier obra maestra al nombre más famoso del taller.
Pedro de Mena, de Granada a Málaga
Pedro de Mena y Medrano nació en Granada en 1628 y murió en Málaga el 13 de octubre de 1688. Era hijo del también escultor Alonso de Mena, cuyo taller heredó a los dieciocho años, y a partir de 1652 trabajó junto a Alonso Cano, de quien tomó el gusto por las figuras estilizadas y los paños de pliegues finos. En 1658 se trasladó a Málaga para terminar la sillería del coro de la catedral y allí se quedó: montó uno de los talleres más prolíficos del barroco andaluz, con encargos que llegaron hasta Castilla y América.
La Dolorosa y la Magdalena Penitente
Sus piezas más reconocibles —la Dolorosa y la Magdalena Penitente, con versiones en las Descalzas Reales de Madrid y en distintas colecciones españolas— muestran el sello de Mena: rostros alargados, ropas con pliegues extremadamente finos y una policromía de gran realismo en las encarnaduras. Falleció en 1688 y, según su propio deseo, fue enterrado en la Abadía del Císter de Málaga para que los fieles pudieran pisar su tumba al entrar al templo.
Francisco Salzillo, el escultor de una sola procesión
Francisco Salzillo nació en Murcia el 12 de mayo de 1707, hijo del escultor italiano Nicolás Salzillo, y murió en su ciudad el 2 de marzo de 1783. Se formó en pintura antes que en escultura, lo que explica que sus contemporáneos lo definieran como «escultor de la pintura y pintor de la escultura»: la policromía de sus figuras tiene una delicadeza casi pictórica poco habitual en la talla en madera.
Los ocho pasos de Jesús
Su obra central son los ocho pasos procesionales que realizó entre 1752 y 1777 para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia —entre ellos La Oración en el Huerto, La Cena y San Juan— y que, según el Museo Salzillo, salen cada Viernes Santo por la mañana en la que se conoce como la Procesión de los Salzillos, hoy declarada de Interés Turístico Internacional junto al resto de la Semana Santa murciana. Se pueden ver todo el año en el Museo Salzillo, junto a la iglesia de Jesús, que reúne el grueso de su producción.
Tres estilos, un mismo oficio
Montañés, Mena y Salzillo comparten oficio y materiales, pero no gesto: el sevillano busca la serenidad clásica, el malagueño el detalle casi orfebre en rostros y manos, y el murciano una teatralidad dulce, casi costumbrista, en escenas con varios personajes. Los tres son la otra cara de la escuela castellana de Gregorio Fernández y Juan de Juni, más dramática y menos ornamental.
Puedes ver la obra de Montañés y de Juan de Mesa en la Semana Santa de Sevilla, la de Pedro de Mena en la Semana Santa de Málaga y la de Salzillo en la Semana Santa de Murcia, donde el Museo Salzillo completa la visita el resto del año. Si quieres entender cómo se organiza la cuadrilla que carga estas tallas cada Semana Santa, aquí tienes cómo se carga un paso: costalero y capataz.