El capirote es, en sentido estricto, el armazón cónico —de cartón prensado, rejilla o esparto— que se coloca bajo la tela para darle altura y mantenerla rígida. La pieza de tela que cae sobre la cabeza y los hombros y cubre el rostro, con dos aberturas para los ojos, es el antifaz o capuz, aunque en el habla común «capirote» ya nombra al conjunto.
No debe confundirse con el capuchón: el mismo gorro pero sin armazón interior, blando y caído, propio de algunas cofradías y del acompañamiento infantil del Domingo de Ramos. El antifaz garantiza el anonimato del penitente: bajo la tela, todos los hermanos son iguales.
Su forma deriva de la coroza que la Inquisición imponía a los reos en los autos de fe. Las hermandades sevillanas la asumieron a partir del siglo XVII y le dieron la vuelta al sentido: el cono que señalaba la infamia pasó a leerse como signo de penitencia y de elevación del alma.
Quien viste el capirote con túnica y cirio es el nazareno; el que va con la cara descubierta y una cruz al hombro, sin capirote, es el penitente.
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