El cíngulo cierra la túnica del nazareno a la altura de la cintura. Puede ser un cordón de seda o lana con borlas, en los colores de la hermandad, o una simple soga de esparto en las cofradías de estilo más penitencial y austero.
Además de su función práctica de ajustar el hábito, el cíngulo tiene una lectura simbólica de mortificación y de disposición para el servicio, heredada del cordón que usan algunas órdenes religiosas.
El conjunto del atuendo —túnica o hábito, antifaz, capirote, guantes y cíngulo— lo fija cada hermandad en sus reglas, muchas veces con siglos de antigüedad.
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