Reportaje

Barroco sevillano vs. escuela castellana: dos formas de tallar la Pasión

Barroco sevillano y escuela castellana: en qué se diferencian los dos grandes estilos de la imaginería procesional española, de Martínez Montañés a Gregorio Fernández.

Por Redacción de programacionsemanasanta.com22 de septiembre de 20268 min de lectura
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Pon una Dolorosa de Sevilla junto a un Cristo Yacente de Valladolid y, aunque los dos sean madera policromada del siglo XVII, parecerán hablar dos idiomas distintos. La imaginería procesional española se reparte, a grandes rasgos, entre dos grandes tradiciones: la escuela sevillana, centrada en el sur y la actual Andalucía occidental, y la escuela castellana, con Valladolid como gran taller de referencia desde el siglo XVI.

Origen: puerto de las Indias frente a corte itinerante

La escuela sevillana nace del papel de Sevilla como puerto y puerta de las Indias durante los siglos XVI y XVII: la llegada de artistas y la enorme demanda de encargos religiosos —para las Indias y para la propia ciudad— consolidó un auténtico taller colectivo en el último tercio del siglo XVI. La escuela castellana, en cambio, se forma en Valladolid al calor de la corte, que se instaló allí entre 1601 y 1606; el propio Gregorio Fernández llegó a la ciudad atraído por ese momento de esplendor cortesano antes de que la corte volviera a Madrid.

El gesto: serenidad frente a verismo

La diferencia que más se nota a simple vista es la del gesto. Juan Martínez Montañés, la gran referencia sevillana, buscaba la serenidad: rostros en calma incluso en la Pasión, sin sangre ni heridas subrayadas, como en su Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla. Gregorio Fernández, en Valladolid, fue al extremo contrario: su Cristo Yacente muestra un cuerpo muerto con un realismo anatómico casi clínico —costillas marcadas, piel cerúlea, llagas con sangre coagulada— pensado para provocar una reacción emocional inmediata en quien lo mira.

El paso: manto de flores frente a talla desnuda

Esa diferencia de gesto se traslada a cómo se monta el paso en la calle. En Sevilla, buena parte de la imaginería mariana procesiona bajo palio, rodeada de candelería, flores y bordados que suavizan y embellecen la escena; el efecto busca lo sublime a través del adorno. En Valladolid y el resto de Castilla, los pasos de misterio llevan la talla mucho más desnuda, sin apenas flores ni ornamento textil, sobre una peana sencilla: la fuerza recae por completo en la escultura, sin nada que la distraiga. Las partes de un paso de Semana Santa explican con detalle canasto, palio y respiraderos en el modelo andaluz.

La procesión: costalero oculto frente a cargador visible

También cambia quién carga el paso y cómo se ve. En Sevilla y buena parte de Andalucía, el costalero va oculto bajo el faldón, invisible para el espectador, de forma que el paso parece avanzar solo. En Castilla, los cargadores o braceros llevan el paso con horquilla al hombro o sobre ruedas, a menudo a la vista, sin la teatralidad de un paso que «flota». El artículo sobre costalero y capataz detalla cómo funciona cada modelo.

El sonido: banda de música frente a silencio

Sevilla suena: bandas de música y de cornetas y tambores acompañan casi todos los pasos con marchas procesionales compuestas específicamente para la ocasión, y en cualquier esquina puede surgir una saeta. Valladolid, en cambio, es la Semana Santa del silencio: la mayoría de sus procesiones avanzan sin música, y el único sonido es el paso de los cofrades sobre el empedrado y el crujir de las andas, algo que la propia guía de la Semana Santa de Valladolid señala como su rasgo distintivo.

Dos escuelas, un mismo objetivo

Ni una es «más religiosa» que la otra: ambas persiguen lo mismo, que quien mire la imagen sienta la Pasión como algo real y cercano. Lo que cambia es el camino para llegar ahí. Sevilla lo hace por la belleza, la música y el adorno; Castilla, por el silencio y el realismo desnudo de la talla. Murcia, con Francisco Salzillo, añade una tercera vía a medio camino: la teatralidad y el color de un barroco tardío y dulce, ajeno tanto a la sobriedad castellana como al dramatismo más severo de Sevilla —algo que se explica con más detalle en Montañés, Pedro de Mena y Salzillo.

La mejor forma de notar la diferencia es verla en directo: la Semana Santa de Sevilla y la Semana Santa de Valladolid programan procesiones la misma semana del año, con dos experiencias casi opuestas. Y si quieres profundizar en cada escuela por separado, aquí tienes Gregorio Fernández y Juan de Juni, los dos nombres que fundaron la escuela castellana.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia principal entre el barroco sevillano y la escuela castellana?

El gesto y el montaje del paso: la escuela sevillana busca la serenidad y rodea la imagen de flores, palio y música; la escuela castellana, con Gregorio Fernández como máximo exponente, lleva el realismo al extremo y procesiona la talla casi desnuda y en silencio.

¿Dónde nació cada una de las dos escuelas?

La sevillana se formó en Sevilla en el último tercio del siglo XVI, impulsada por su papel de puerto de las Indias. La castellana se consolidó en Valladolid, con Juan de Juni desde 1540 y Gregorio Fernández desde 1600, en parte por el auge de la ciudad como sede de la corte entre 1601 y 1606.

¿La imaginería de Murcia pertenece a alguna de las dos escuelas?

No exactamente: Francisco Salzillo, en el siglo XVIII, desarrolla un barroco tardío propio, más teatral y colorista que el sevillano y muy alejado de la sobriedad castellana, con escenas de varios personajes muy trabajadas pictóricamente.

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